HAS SIDO PESADO EN BALANZA Y HALLADO FALTO

Corría el año 538 a.C. cuando el ejército Medo-Persa se encontraba sitiando la capital del antiguo imperio babilónico. En el interior de sus muros, lejos de estar preparándose para la batalla definitiva, el rey Belsasar celebraba un suntuoso banquete en el que utilizaron los utensilios del antiguo templo de Jerusalén como testimonio del poderío que sus dioses tenían sobre el Dios de los Judíos. Tal era la confianza que los babilonios tenían en el sistema defensivo de su ciudad y el desprecio hacia el verdadero Dios que ha creado el universo.
Sin embargo, algo sorprendente ocurrió durante la bacanal; una inscripción apareció en la pared del palacio real, la cual rezaba: Mene, Mene, Tekel, Peres.
El rey no tardó en consultar a todos los sabios de Babilonia para tratar de averiguar el significado de tan misterioso epigrama, sin embargo, ninguno pudo descifrar dichos vocablos. Turbado el rey en gran manera mandó que trajesen a su presencia a un sabio profeta hebreo llamado Daniel, el cual, tras haber leído dichas palabras le mostró su significado:

Mene, Mene: “contó Dios tu reino y le ha puesto fin”
Tekel: “pesado has sido en balanza y fuiste hallado falto”
Peres: “tu reino ha sido roto y dado a los medos y a los persas”.

En esa misma noche las fuerzas medo-persas encontraron una brecha en el muro de la ciudad y la tomaron, cumpliéndose inexorablemente la palabra profética.

Nos acercamos un año más a las fechas navideñas, las calles y los hogares se adornan de luces, es tiempo de comprar regalos y de celebrar banquetes. Da igual que seas cristiano o no; solo se trata de pasar unos días entrañables con la familia y los amigos, sin embargo, haríamos bien en reflexionar en que se ha convertido la celebración de estas fiestas, ya que, es algo que nos puede ayudar a hacer un diagnóstico del estado de la sociedad en la que vivimos.

Nadie puede negar que la Navidad que celebra nuestra sociedad es una Navidad secularizada. Alguien podría decir: “y que tiene de malo. Es cierto que ya no se recuerda al Hijo de Dios que nació en un pesebre, sin embargo siguen siendo fechas para amarnos unos a otros, para dar al que lo necesita, para adquirir el compromiso de ser mejores en el año que se presenta por delante”.
Voy a conceder que todo esto sea verdad, lo cual es altamente cuestionable, sin embargo, aun admitiendo lo expuesto anteriormente y olvidando el consumismo desmesurado, los banquetes que acaban en borracheras y cosas por el estilo; he de decir que estas fiestas de “la paz y la fraternidad sin Cristo”, no son, sino una manifestación más de la rebelión del hombre contra Dios. 
En esta sociedad post-cristiana el ser humano se siente autosuficiente. Es algo muy común en el hombre el no reconocer los dones que recibe de Dios. La ciencia avanza a pasos agigantados, esto es posible gracias a que El Creador a dotado al hombre que creó a su imagen y semejanza con la capacidad de observar el universo y beneficiarse de los recursos que Dios provee a través de su creación, sin embargo el ser humano ha hecho de la ciencia misma un ídolo. Así  mismo, la sociedad del bienestar hace que el hombre viva anestesiado en cuanto a la percepción de lo eterno; solo importa tener trabajo, salud, una casa, un coche, tener..., tener... pero se olvidan del Omnipotente por medio del cual, reciben..., reciben...
La navidad descristianizada, por tanto, no deja de ser una manifestación de la alienación en la que viven los seres humanos. Cuando se habla de paz y amor pero rechazando a Aquel que es la fuente de todo amor y el único que puede traer la paz, se comete la más grosera de las idolatrías. El hombre se convierte en su propio Dios, sin embargo, dicha forma de pensamiento no ha dejado de cosechar fracaso tras fracaso. Desde la Ilustración y su hija “la revolución francesa”,  pasando por los regímenes totalitarios del siglo XX, y llegado al modernismo actual; la génesis filosófica de todos estos movimientos no es otra que la creencia en un ser humano autosuficiente e independiente de su Creador. Sin embargo, el mundo no ha cambiado; el vivir en un mundo de amor y de paz sigue siendo la utopía del hombre sin Dios. Por eso la Navidad secularizada no es más que la celebración del anhelo que nunca llega a satisfacerse, así como la pretensión y el orgullo idolátrico de creer que dichos deseos algún día se verán cumplidos en un mundo en el que el nombre del Dios Trino y uno; Padre, Hijo y Espíritu Santo sea completamente desterrado.

Es por eso que cada Navidad, los hombres se sientan a la mesa de sus banquetes como aquel Rey babilonio, Belsasar. Él tomo los utensilios que habían robado del templo de Jerusalem para manifestar delante de todo el pueblo que era más poderoso que el Dios de Israel; no sospechaba que el ejercito persa a las puertas de la ciudad anunciaba el juicio de Dios. Aquel de quien se burlaba, ya había escrito su final, “pesado fuiste en balanza y fuiste hallado falto, tu reino ha sido roto y dado a los medos y a los persas.” Así mismo, el hombre moderno se sienta a la mesa en estas fiesta y dice, yo no necesito a Dios, soy una persona honrada que cumplo con mi trabajo y no hago daño a nadie, con esto me basta para enfrentarme a la muerte. Sin embargo Dios ya te ha pesado en balanza y has sido hallado falto.  Así lo manifiesta el apóstol San pablo Rom 3:10 “No hay justo, ni aún uno; no hay quien entienda... Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno no hay ni siquiera uno”. Al igual que Dios juzgó  a los babilonios por su despotismo y crueldad,  Dios ya ha emitido un veredicto de culpabilidad para esta humanidad caída y separada de Él, tu justicia imperfecta es vana delante de un Dios perfecto y tres veces Santo; cada hombre ha sido pesado en balanza y hallado falto.

Sin embargo, hay esperanza para el genero humano; Dios, en su infinita misericordia se encarnó en la persona de su Hijo Jesucristo, de esta forma Aquel que no tenía pecado y que cumplió a la perfección las exigencias de la ley tomó el lugar del pecador para darle vida eterna; como está escrito: “Al que no conoció pecado por nosotros se hizo pecado para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en ÉL”.  Es por este motivo que la verdadera Navidad, no es la fiesta de la autosuficiencia humana que anhela alcanzar una meta utópica de paz y amor. Por el contrario es la celebración del don de Dios hacia  la humanidad; una humanidad radicalmente corrupta para la cual Dios a provisto perdón y reconciliación. Solo cuando por la fe descansas en la persona de Jesucristo y en su obra en la cruz, la utopía se convierte en una realidad presente en tu alma y el horizonte de paz y amor universal se hace una realidad, ya que, Aquel que murió en la cruz y resucitó al tercer día, vendrá por segunda vez para ejecutar su juicio hacia los incrédulos y para instaurar su reino eterno de paz y justicia, en el cual habitarán aquellos que han sido redimidos por su sangre.

Quiera Dios en su infinita misericordia derramar su gracia en tu corazón para que desesperes de ti mismo, para que comprendas que no puedes presentarte delante del gran juez del universo sin haber recibido la reconciliación en Cristo Jesús, Como el mismo dijo: “El que cree en mí, no creen mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió. Yo la luz , he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mi no permanezca en tinieblas. Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.” Jn 12:44-48

Con amor en Cristo
;

Oscar Gil
  Olvidaron al Dios de su salvación,  Que había hecho grandezas en Egipto, Psa 106:21
Colaboraciones