PABLO, APÓSTOL DE LA SALVACIÓN.
Siempre me ha gustado profundizar en el verdadero sentido de la Palabra de Dios. Es decir, he querido ahondar en el auténtico mensaje del Evangelio y conocer las buenas nuevas, esas que iluminaron un día, para salvación, el alma de tantos hombres que dieron un paso al frente para militar como soldados en el ejército de Cristo. Entre los santos habidos, obtiene un elevado lugar Pablo, “apóstol a los gentiles” (Romanos 11:13), llamado también Saulo. Cristo Jesús lo fortaleció grandemente, teniéndolo por fiel y poniéndolo en el ministerio, habiendo sido anteriormente blasfemo, perseguidor de los cristianos e injuriador. Y es que Pablo, a pesar de haber tenido su alma en tan deplorable estado, aunque lo hacía por ignorancia e incredulidad (Hechos, 9:4-5; 26:9-11), el Señor le concedió su inmensa gracia. Y desde ese momento, Saulo experimentó, en supremo reconocimiento divino, la emoción de que él había venido al mundo para salvar a los pecadores, tachándose a sí mismo de primer pecador (1ª Timoteo:14-15).
Tras todo esto, que no es más que simple muestra de la grandeza de su alma, Pablo nos trae la sana doctrina, es decir: una doctrina que no nos sienta mal, sino que nos sana y nos salva. Y así, la doctrina de Pablo es sana porque está en consonancia con el mensaje gozoso (el Evangelio) de la gloria de Dios Salvador.
Pablo procura en sus magníficas epístolas, enriquecidas por la inspiración del cielo, la magnificencia de Dios. Pero no como mérito de prestaciones personales o de sacrificios nuestros, sino gracias al dolor y muerte de Cristo. Pablo nos exalta a gloriarnos en la cruz. Nos hace saber que ninguna ley podría condenarlo, debido a que él era libre de muerte y de pecado.
Ese es el Evangelio del perdón y de la salvación que había sido encomendado a Jesús. Y por tal discernimiento, en Pablo se nos ofrece la oportunidad de conocer la sana doctrina alejándonos de los falsos maestros. Para Pablo mismo, el hecho de que este Evangelio le haya sido confiado, es ya una razón para dar gracias al Señor. A través de las cartas paulinas se nos rompen las cadenas que nos atan al mundo, y se nos dice a gritos: “¡Salid, estáis libres!”. “¡Sois salvos en Cristo Jesús!”.
Antonio Barceló Roldán.

Antonio Barceló Roldán
Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Rev 12:10