
LA ENTRADA A UNA APARENTE SALVACIÓN
Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente
con toda cosa encubierta, sea buena o mala. . . (Eclesiastes 12:14)
Los años donde se desenvuelve nuestro siglo en el camino del conocimiento y la ciencia, el dogmatismo y la sabiduría, han creado en nuestra sociedad una puerta que muchos consideran ideal para pretender entrar en la vida sin saber ni querer enterarse de que no todo está permitido.
Los medios de que se dispone hoy día están estrechamente relacionados con las facultades que se reciben de Dios. Y son ya muchos, sobre todo científicos, los que padecen el sueño -llamémosle así-, de aspirar a dominar totalmente la creación visible. Ellos no suelen pensar que son únicamente hombres y que, como mortales, han sido establecidos aquí con carácter de regentes o administradores de la vida terrenal.
El ser humano, aunque se degrada por el pecado, sigue teniendo sus facultades. Los secretos de la materia no están cerrados a la búsqueda humana, aunque sea evidente que, hasta el momento, pudo sondear tan solo un irrisorio número de descubrimientos entre el cúmulo de los misterios que están por conocer.
Pero a pesar de que el mundo científico avanza rápidamente, según parece, nunca conseguirá el hombre ir más allá de lo que Dios permita. El poder divino detendrá los progresos de la tierra cuando le parezca bien, porque Dios tiene en su mano el aliento del hombre, pudiendo cambiar el curso de la historia o acabar con ella.
Finalmente, aunque el individuo progrese en el conocimiento sobre el empleo de las energías nucleares o en la temible manipulación de los genes, ello no le dará ni un átomo de verdadera sabiduría ni mayor volumen de inteligencia. A lo sumo, sus descubrimientos le permitirán admirar al Creador pero, por medio de la propia sabiduría terrenal, no llegará a conocer al Dios Salvador, el Dios que dio a su Hijo, porque Él se revela mediante su Palabra de vida, recibida con fe.
Antonio Barceló Roldán

Antonio Barceló Roldán
Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, 2Pe 3:15