SALVOS  EN  JESUCRISTO

Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
(Salmo, 80:19)

¿Cuándo y cómo salva Dios? Esta es una pregunta a la que algunos creyentes no responderían con facilidad. La aptitud para tener una respuesta válida, consiste primeramente en saber que la cuestión dependerá siempre de cada uno de nosotros. Porque, aunque no exista pecado que Dios no pueda perdonar a quien se acerque a Él con humildad, no es menos cierto que este axioma sagrado se puede interpretar, por desgracia, a medias,  creyendo que basta con arrimarnos al Señor en oración, sí,  pero olvidando que hemos de experimentar antes un arrepentimiento sincero de nuestros fallos, sometiéndonos con sumisión y fidelidad a Jesús. Si la fe se produce con autenticidad de verdadero creyente, del corazón arrepentido brotarán las palabras de Cristo, y nuestro entendimiento tendrá capacidad para apreciar el llamamiento del Hijo del Hombre, el cual nos dice, a través del Apóstol,  que hemos sido creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas (Efesios, 2:10). Es la mejor invitación que se haya podido hacer a cualquier persona para que pueda comenzar a caminar en las funciones que agradan al Señor. Debemos destacar no obstante, lo de las buenas obras, es decir: las que el Señor nos da en su Palabra, y no aquellas que suele buscar la criatura humana a través de los intereses o necesidades.

Sabemos que lo más importante es el arrepentimiento de las culpas y, además, la fe, la que acompaña al nuevo nacimiento (Juan, 3:3-6). Le siguen esas buenas obras que Dios preparó para que el creyente las cumpla por reconocimiento hacia nuestro Dios de amor.

Veamos ahora tres importantes aspectos de la salvación:
-En cuanto al pasado: Sois salvos… (Efesios, 2:8); Dios… nos salvó (2ª Timoteo, 1:9). La certidumbre de ser salvo se apoya sobre la fe en la Palabra de Dios.
-Referido al presente: el creyente es salvo por Su vida (Romanos, 5:10), y por la intercesión de Cristo (Hebreos, 7:25)
-Y en cuanto al porvenir, en Romanos 13:11 se nos dice: Ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. Nosotros esperamos la redención de nuestro cuerpo (Romanos 8:23).  Esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya (Filipenses, 3:20-21).

No nos cansaremos de repetir que no obtendremos la salvación por las simples obras que cumplamos con fines humanos, sino por las “buenas obras”  salidas de la fe, de la esperanza en Jesús, de la humildad para admitir a Cristo como único mediador ante el Padre y como Salvador nuestro, el cual nos da seguridad de su promesa de salvación diciendo:  y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo, 28:20). También nos dice: Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo (Apocalipsis, 3:20). Abrir la puerta a Cristo es acceder al nuevo nacimiento, regenerar el alma hasta conseguir que el viejo corazón de piedra se convierta en un nuevo corazón de carne.

Somos nosotros, pues, los que hemos de elegir y decir cuanto antes que sí, que Dios es creador del Universo mundo y Salvador de los hombres. Para todo ello, es conveniente detenernos un instante ante la Biblia y leer la esencia de la verdadera vida y de nuestra salvación, donde se dice: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna  (Juan, 3:16).
                                                                                 
Antonio Barceló Roldán
Antonio Barceló Roldán
y clamaban a gran voz,  diciendo:  La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono,  y al Cordero.  Rev 7:10
Volver al menú de Colaboraciones
Colaboraciones